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 Mathilde Carre "la gata"

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MensajeTema: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:11 pm

Mathilde Carré



En un pueblecito del sur de Argelia, vivía, en 1939 una joven llamada Mathilde Carré, nacida en 1910 Belard, Se había casado con un oficial del ejército francés y los pocos ingresos de éste la obligaban a trabajar como institutriz.

Madame Carré llevaba los cabellos en bucle sobre la frente, las cejas bien dibujadas enmarcaban sus grandes ojos pardos, sus labios gordezuelos se abrían sobre una hilera de dientes blanquísimos. Su silueta era perfecta.

Inspiraba cierta desconfianza a sus vecinos, pertenecientes a la pequeña burguesía argelina, a los que les parecía demasiado bien educada para trabajar en tan modesto empleo. Su sueldo de institutriz no le permitía vestirse con rebuscamiento, pero, aunque sencillas, sus ropas nunca carecían de elegancia.

No se sabe si Mathilde Carré fue feliz en Argelia, pero lo cierto es que, apenas estalló la guerra, decidió irse a vivir a París.

Las circunstancias facilitaron la realización de su deseo. La Francia en pie de guerra necesitaba enfermeras y Mathilde se enroló inmediatamente. Cuando tuvo por fin su billete y su compromiso firmado, lanzó un suspiro de alivio y se dijo que, a partir de entonces, iba a empezar a vivir.

Sabemos que estas fueron sus reacciones porque Mathilde Carré escribía un diario, que posteriormente completaría para convertirlo en "confesión", un notable documento humano que citaremos varias veces.

Antes de abandonar África, volvió a ver a su esposo en Argel. Este se disponía a partir para el frente, y este encuentro entre los dos sería el último, pues poco después él cayó en el campo de batalla.

Argel le parecía una ciudad triste. En su diario escribió:

"Argel es gris. Yo estaba enervada. Confié mi maleta a dos árabes y éstos me condujeron al hotel Terminus, donde tomé una habitación, quise bañarme, pero había una cucaracha que corría por la bañera."

Mientras esperaba su barco, se dedicó a pasear por los arrabales, que le parecieron el único lugar interesante de la ciudad. Una noche, se había sentado en un banco del barrio árabe cuando un hombre joven y con el uniforme de los paracaidistas se sentó a su lado. En la oscuridad, la confundió con una mujer árabe.

"Era verdaderamente encantador -escribió ella en su diario- , un auténtico titi parisiense. Estaba muy contento porque regresaba a Francia. Yo no le dije quién era y le hablé en la jerga de las chicas árabes de los arrabales. De este modo, no le decepcioné."

"¡Cuán agradables las frases que murmuró junto a mí en el banco! Me invitó a tomar una copa en un café. Cuando me vio a la luz y se dio cuenta de a quién habla contado todas aquellas cosas simpáticas dirigidas al corazón de una joven árabe, se sintió extraordinariamente confundido. Yo traté de disipar su confusión y le invité a almorzar al día siguiente. Mis relaciones con él fueron un idilio sencillo y encantador."

Los paracaidistas embarcaron en el mismo buque de Mathilde para volver a Francia. "Mi paracaidista ha hecho el viaje conmigo en el barco", escribió ella en su diario.

Una vez en París, se instaló en un hotel del centro.

"¡Qué país y qué ciudad! -anotó- Es inimaginable que los boches puedan conquistar Paris. Los antiguos edificios históricos, el Sena y sus muelles, Notre-Dame y la Cúpula de los Inválidos, somos y soy todas estas cosas. Los bulevares son la vida. Camino por las calles, me siento en cualquier café. ¡Cuántas sensaciones me asaltan! Soy feliz, me encuentro como en el cielo. Y también yo velaré, cumpliendo mi misión como los demás, para que este cielo no sea vencido por el infierno."

Al día siguiente, se presentó en su centro de movilización. En el hospital en el que siguió un cursillo de enfermera fue considerada como persona de toda confianza, infatigable y dedicada por completo al cuidado de los demás.

Quedó muy quebrantada por la derrota de 1940 y la llegada de los nazis a París. Tomó el camino del exilio. Primero organizó un centro de socorro en Beauvais, y después se trasladó al sur del país, a Toulouse.

De nuevo, y por su propia iniciativa, organizó allí un centro de socorro para heridos y además sugirió a los oficiales franceses la creación de un campo de reunión para los soldados que no pudieran volver a incorporarse a sus unidades.

Mientras se afanaba en estas tareas, conoció a un hombre que parecía tener especial necesidad de su ayuda. Era un oficial del Estado Mayor polaco, agregado a los servicios de enlace del Ejército francés. Había combatido contra los alemanes, éstos lo hablan hecho prisionero y se habla escapado. Agotado, hambriento y enfermo, fue atendido por Mathilde Carré, que lo alimentó y cuidó.

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MensajeTema: Re: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:17 pm

Cómo se crea una red de espionaje

Se llamaba Roman Czerniawski, un apellido que ella no podía pronunciar, por lo que optó por llamarle simplemente Armand. Fue él quien le puso a ella el apodo de "la gata", debido a su belleza felina. Armand confió a Mathilde su idea de montar una red de resistencia y de información en Francia, para espiar a los alemanes y combatirlos allí donde fuese posible. Mathilde aceptó participar, entusiasmada.

Se trataba, ante todo, de ponerse en contacto con ciertos oficiales. Algunos de ellos se encontraban en la zona libre, pero otros vivían secretamente en la zona ocupada. La Gata puso manos a la obra con toda su energía. Francia se hallaba todavía en pleno caos. Millones de personas sin hogar vahaban por las carreteras, y en la frontera española la situación era terrible.

El coronel polaco no podía desplazarse libremente y por tanto no se atrevía a trasladarse a la zona ocupada, por lo que Mathilde se ocupó de este trabajo de enlace. Era ella la que entraba en contacto con los nuevos miembros del grupo y la que organizaba citas entre ellos. La red tomó el nombre de "Interallié" y no tardaría en ser la más activa de la Resistencia francesa.

El coronel Marcel Achard, que se habla unido al movimiento, se convirtió en su personaje más importante. Los demás miembros, con la excepción del coronel polaco, eran simples aficionados en las tareas de espionaje. Achard, en cambio, era un hombre con muchos recursos y, a través de España y Portugal, se comunicaba con los ingleses. Para Mathilde era como un dios.

Una de las principales preocupaciones de los aliados en esta zona era saber si los alemanes se quedarían simplemente en la frontera española, o si habían llegado a algún tipo de pacto con el régimen fascista de Franco que les permitiese meter sus tropas en España y atacar Gibraltar.

Armand confió a la Gata la misión de descubrir los proyectos alemanes y ella se desplazó a Burdeos, y después a Bayona y Biarritz, en la frontera. En esta última ciudad se habla ubicado una unidad de tanques que parecían prepararse con vistas a entrar en campaña. Además en Burdeos se habían concentrado fuerzas aéreas. Unos oficiales de estas unidades aparecieron un día en el Café de París, en Biarritz. En su diario, Mathilde narró cómo llegó a trabar relación con ellos:



"Un oficial boche se acercó a mí y me dijo:

-¿Puedo sentarme a su mesa, Madame? Desearía preguntarle algunos datos sobre la ciudad.

-Sí -contesté-. Además, también yo quisiera hacerle una pregunta.

-La que desee.

-Lleva usted el uniforme de la Luftwaffe, pero no parece ser un piloto, no luce la insignia.

-Soy lo que ustedes llamarían en Francia un coronel de intendencia y presto mis servicios en la aviación. Me encargo del aprovisionamiento de la Luftwaffe en Burdeos."

Bebieron champán en el restaurante y después siguieron bebiendo en otros lugares.

"Tuve buen cuidado en conservar toda la claridad de mi mente -escribió ella en su diario- Aparte de esto, no me impuse restricción alguna"


Cuando vio a Armand le reveló que los alemanes se disponían a atravesar España. No obstante, Mathide siguió en la región y continuó recabando información sobre los preparativos alemanes. Cuando advirtió que éstos actuaban a ritmo muy displicente, fue la primera en transmitir la importante noticia de que los alemanes habían renunciado a su proyecto de atacar Gibraltar.

Las actividades del grupo del coronel Achard se extendían a toda Francia, y lo mismo cabe decir de Mathilde. Como declararía más tarde el coronel Achard ante el tribunal, en aquel periodo su red obtuvo unos éxitos extraordinarios.

En el cuartel general del Servicio de Inteligencia británico, donde el grupo era conocido con el nombre de "Valenty", los agentes de Achard gozaban de una estima extraordinaria.

Los nombres y apellidos de los miembros más importantes del grupo habían sido anotados en los expedientes de los servicios secretos británicos, detalle que más tendría mucha importancia. Los británicos estaban perfectamente informados acerca del coronel Roman Czerniawski, alias Armand, sobre Mathilde Carré, alias la Gata, y sobre otros agentes clandestinos, como el aristócrata Pierre de Vomecourt.

Durante este periodo el grupo organizó con los británicos lanzamientos en paracaídas de armas para la Resistencia y entregas de suministros mediante desembarcos en ciertos puntos de la costa vasca. El grupo Achard también hizo pasar clandestinamente a diversas personas a España y Suiza, ocultó prisioneros evadidos de los campos alemanes y se entregó en general a las actividades patrióticas más diversas.

Un día, Armand y Mathilde constataron que necesitaban a alguien que les ayudara a efectuar tareas secundarias, como espiar en cafés y restaurantes, hacer auto-stop con los alemanes, etc.


La Gata encontró la persona apropiada en una mujer llamada Renée Borni. Puesto que había de trabajar en estrecha colaboración con Armand, Mathilde tuvo la precaución de elegir como ayudante a una mujer del tipo opuesto a las que le gustaban al polaco.

Renée (que adoptó el nombre de Violette en la Resistencia) demostró ser también una mujer totalmente dedicada a su jefe y no fue pequeño el pesar de la Gata al descubrir, algún tiempo después, que Armand se habla enamorado de su nueva ayudante.

En presencia de su rival, Mathilde no podía evitar a veces una visible desazón. Puesto que se hallaban provisionalmente en Paris, un día pidió a Armand que enviase a Violette a provincias para una misión de escasa importancia. Armand sonrió y dijo a la Gata:

-Estás celosa.

-¡No se trata de eso! -protestó Mathilde- Tengo el presentimiento de que nos acecha un peligro.

-Di mejor que tienes el presentimiento de que van a comerte los celos - replicó Armand, riéndose.

Pero efectivamente, les acechaba un peligro, y sería René Borni, alias Violette, quien causaría la pérdida de aquel grupo tan bien organizado.

La misión confiada a Violette consistía en reunir algunas informaciones de escasa importancia, en concreto de saber adónde había de trasladarse cierto regimiento alemán.

Un oficial alemán abordó a Violette cerca de la Gare du Nord, y ella se dedicó a sonsacarle con prudencia. Un hombre situado cerca del militar siguió atentamente la conversación, mientras fingía estar sumido en la lectura de un periódico francés.

Violette no le prestó atención ni tampoco se fijó en que el hombre les seguía cuando ella y el oficial salieron de un café. Esta vigilancia duró varios días, sin que Violette se apercibiese de ella. Seguida por policías de paisano que se relevaban, Violette fue vista con Armand y con la Gata.

Fue así como el servicio de contraespionaje alemán del almirante Canaris descubrió su cuartel general y su apartamento, y el 18 de noviembre de 1941, a las cinco y media de la mañana, Armand y Violette fueron detenidos.

Unas horas más tarde, Mathilde fue arrestada a su vez y encerrada en una prisión militar. La calma que reinaba en su celda no hizo sino acrecentar sus temores. Ella no sabía que había sido de los demás. ¿Habían capturado a Armand? ¿A alguien más? ¿Era ella la única? Con estremecimiento, pensó que tal vez fuera torturada.

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MensajeTema: Re: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:20 pm

Cayó la noche. En la oscuridad de su celda, la Gata reflexionó sobre su situación y llegó a la conclusión de que no tenía ninguna esperanza de escapar con vida.

De pronto se encendió la luz en su celda, se abrió la puerta y entró alguien con uniforme alemán.

Sentada en su catre, Mathilde le miró atemorizada.

Sabía ya reconocer al primer vistazo la graduación y el arma de los militares alemanes. Aquél era un sargento. De haber vestido de paisano, nadie le hubiese tomado por un alemán. No tenía de alemán ni la actitud ni el físico.

También se sorprendió la Gata por el modo de comportarse de aquel hombre. Se había quedado cerca de la puerta, apoyado en la pared, y la miraba en silencio. Durante un largo rato, sus ojos no la abandonaron. Mathilde empezó a impacientarse y se levantó.

- Señor -le dijo- , ¿por qué he sido detenida?

El hombre no contestó y su mutismo asustó a Mathilde. Pasaron unos minutos y por fin el recién llegado se decidió a dirigirle la palabra.

- ¿Ha vivido usted en Argelia?

- En Argelia, sí.

- ¿No es cierto que París es una ciudad maravillosa?

Ella le miró, aterrorizada.

- ¿Tiene miedo? -le preguntó el militar- ¿De qué? Yo no voy a hacerle ningún daño. Sé que es usted una mujer inteligente. ¿Sabe que con este peinado se parece a Juana de Arco?

Más tarde, Mathilde anotaría en su diario: "Nada podía ser más atemorizador: el hombre que entró en mi celda era 'humano'".

Aquel "humano" la interrogó sobre sus actividades en la Resistencia. Le habló de Argelia, de Francia, de París. Se expresaba en francés y su voz era cariñosa.

Al cabo de unos minutos la Gata notó que sostenía con él una conversación agradable, lo que no impidió, sin embargo, que él le gastase una broma cruel:

-Esto es muy poco confortable. ¿Quiere que vayamos a otro lugar?

Entonces Mathilde volvió a darse cuenta de donde estaba. Desesperada, se encogió de hombros y después clavó la mirada en el suelo. Cuando alzó de nuevo los ojos, el sargento había desaparecido.

La luz de su celda se apagó de nuevo. "Como si procediera de una distancia infinita -escribió más tarde en su diario- llegó claramente a mis oídos la música del Requiem de Mozart. Parecía como si, realmente, la estuviese interpretando una orquesta".


Después se oyó un ruido ante la puerta. La luz volvió a encenderse. Se abrió la puerta y aparecieron unos guardias armados. Un cabo le indicó con una seña que les siguiese.

Recorrió varios pasillos, cruzó puertas enrejadas y atravesó un oficina. El cabo firmó un papel. Se abrió una puerta y después otra. Por último una postrera puerta enrejada y seguidamente salieron a la calle.

¿Quién estaba fuera?

Era el sargento que la habla visitado en su celda. Le costó reconocerlo. Vestía de paisano, con una corbata elegante, guantes y una boina. Un cigarrillo en los labios... En una palabra, tenía todo el aspecto de un francés elegante.

Como un perfecto hombre de mundo, el caballero de la boina señaló a Mathilde un automóvil grande y lujoso, y la invitó a subir.

-Le ruego que se siente detrás -le dijo- . Y no retire las cortinillas.

Él se instaló despreocupadamente ante el volante. La Gata no dejó de observar que el espejo retrovisor era de gran tamaño y permitía al conductor observarlo todo sin problemas. El coche se puso en marcha, se abrió una verja y Mathilde se encontró de nuevo en París.

¿Adónde la llevaba aquel hombre?

Observó que salían de París y que después atravesaban Maisons-Laffite. Pero, ¿qué era aquel jardín grandioso? ¿Y aquella villa?

El temor volvió a asaltar a la Gata, pues aquella mansión enorme y refinada pertenecía al célebre actor Harry Baur y ella sabía que el ejército alemán la había requisado para convertirla en cuartel general de sus servicios de contraespionaje.

Para llevarla a aquella casa, forzosamente tenían que considerarla como una presa importante. La inscripción que Dante coloca en la puerta del infierno ("Abandonad toda esperanza los que aquí entráis") hubiese quedado muy apropiada sobre la verja de aquella finca.

Pero, ¿era aquello, en realidad, el cuartel general del contraespionaje alemán? Nada en su aspecto parecía indicarlo, muy al contrario. La Gata vio unos servidores corteses y fue introducida en un salón, donde la dejaron sola.

Se sentó en una butaca confortable. Desde la ventana se veía un parque, sobre el que caían las sombras del crepúsculo. En la lejanía se oran los rumores de la gran ciudad. Parecía como si todos hubiesen olvidado a la visitante.

Pero de pronto se abrió la puerta. El hombre que la habla acompañado venía a buscarla. La condujo, a través del vestíbulo, a otro gran aposento, lujosamente amueblado. Por una puerta entreabierta, distinguió un espejo ante el cual había una lámpara encendida. Entró en esta última habitación. Era un dormitorio.

¿ Qué ocurrió?

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MensajeTema: Re: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:25 pm

Mathilde no habla de ello en su diario.

Más tarde, el presidente del tribunal que la juzgó, M. Drapier, trató de saber la verdad.

- Diga exactamente lo que sucedió -exigió- ¿Fue usted a la villa de Harry Baur?

- Ya he contado exactamente lo que sucedió, pero voy a repetirlo. Después de catorce meses y de trabajo incesante para la Resistencia, fui detenida y conducida a la villa de Harry Baur, en Maisons-Laffite. Estaba en poder de los alemanes. El sargento Hugo Bleicher no me dejaba sola ni un instante.

- ¿Averiguó, por tanto, el nombre de aquel sargento?

- Me dijo que se llamaba Hugo Bleicher.

- ¿Era la graduación de sargento su verdadero rango en el Ejército?

- Lo ignoro.

- ¿Se llamaba en realidad Hugo Bleicher?

- ¿Cómó podría saberlo yo, señor presidente?

- Está bien, era usted la prisionera de Bleicher. ¿Se convirtió en su amante?

- ¿No puede usted ponerse en mi lugar, señor presidente?



- Responda a mi pregunta.

- Bleicher me dijo: "Si es usted razonable, estará en libertad esta noche". Por lo tanto, me mostré razonable.

- ¿Qué más ocurrió aquella noche?

Silencio.

- Quiero saber qué más ocurrió aquella noche.

Silencio.

- Todos deseamos saber qué más ocurrió aquella noche. Es esto lo que debe explicarnos. Ha reconocido que, durante catorce meses, se ha expuesta a los peores peligros mientras trabajaba para la Resistencia. Y en una sola noche, olvidó todo su pasado, olvidó a Francia y se olvidó incluso de sí misma. A la mañana siguiente, puso en manos de aquel sargento Hugo Bleicher a los treinta y cinco miembros más importantes de la Resistencia francesa. Vamos, diga ¿qué ocurrió aquella noche?

El presidente del tribunal clavó su mirada en la acusada y la mantuvo en ella durante un largo minuto.

Al día siguiente por la mañana, después de aquella famosa noche, la Gata y Hugo Bleicher, que vestía de nuevo ropa civil, subieron a un automóvil pequeño con matrícula francesa. Se dirigieron a París y se detuvieron delante de la casa en la que se ocultaba M. Rocchini.

Otros coches pararon también delante de esta casa, pero nadie les prestó atención, ya que sus ocupantes eran paisanos de aspecto inofensivo. Un hombre se apeó de un automóvil y fue a comprar un periódico. Otro entró en el estanco.

La Gata subió por la escalera y llamó a una puerta, con una señal convenida. La puerta se abrió en seguida. Rocchini estaba con Frank, otro miembro importante del grupo de resistentes.

Los dos tuvieron un momento de vacilación al ver que un hombre acompañaba a Mathilde. Era un hombre al que nunca habían visto.

- Es preciso hacer algo -murmuró le Gata-, Armand ha sido detenido.

El terror se reflejó en los rostros de los dos hombres.

- No temáis -añadió ella, con un gesto hacia Bleicher- No lo conocéis. pero es de los nuestros.

Hablaron con animación durante unos minutos y, luego la Gata le dijo a Bleicher:

- Vaya a poner el coche en marcha para no perder tiempo.

Mathilde se quedó todavía dos o tres minutos. Entonces llamaron a la puerta y ella fue a abrirla. Varios alemanes irrumpieron en el apartamento, pistola en mano, y gritaron:

- ¡Arriba las manos!

Durante las ocho horas siguientes, el mismo procedimiento, cuidadosamente programado, fue puesto en práctica hasta que treinta y cinco importantes miembros de la Resistencia fueron capturados.

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MensajeTema: Re: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:29 pm

Durante un par de meses. la Gata siguió actuando bajo las órdenes de Bleicher. Contó todo lo que ella sabía, que no era poco. Hizo que fuesen encarcelados todos sus antiguos compañeros de la Resistencia, por lo menos aquellos que estaban a su alcance. Sin embargo. lo que Bleicher no pudo conseguir fue echar el guante al hombre al que buscaba más activamente que a todos los demás: el coronel Achard, el jefe de todo el grupo.

Por extraño que ello pueda parecer, Mathilde no traicionó a Achard. En el testimonio que Achard prestó ante el tribunal declaró:

- Ella sabía perfectamente donde me ocultaba yo, pero no me traicionó.

La Gata consiguió, en este aspecto, engañar a Bleicher. Afirmó que ignoraba donde se hallaba Achard. Lo juró y dio tantas muestras, al parecer sinceras, de su ignorancia, que él la creyó. En cambio, se ofreció para hallar el paradero de otro personaje importante: el aristócrata Pierre de Vomecourt.

Este nombre despertó la atención de Bleicher, quien, instantáneamente, se quedó pensativo. Se le acababa de ocurrir una explotación todavía más eficaz de los servicios de la Gata...

Mathilde regresó a su antiguo cuartel general clandestino. Las intervenciones de Bleicher habían sido realizadas magistralmente y los hombres detenidos no habían tenido tiempo para poner sobre aviso a sus compañeros. Nadie, en la Resistencia, sospechaba todavía de la Gata.

Durante los dos meses siguientes ella siguió desempeñando su papel de patriota como antes. Ninguno de sus compañeros de la red clandestina podía imaginar que la valerosa camarada Mathilde Carré era el temible traidor, de cuya existencia ya sospechaban.

Y pocos motivos tenían para desconfiar de ella, dado que Mathilde se dedicaba en cuerpo y alma a reorganizar el grupo e insuflar animos a cada uno de sus miembros.

Sin embargo, todas las noches la Gata era conducida secretamente a la villa de Harry Baur, donde revelaba los planes que habían sido trazados durante la jornada. Un día, explicó que la principal preocupación de la Resistencia era la de hallar un medio para reanudar las comunicaciones con Gran Bretaña, ya que todos los enlaces habían sido capturados.

Bleicher tuvo una idea. Ordenó a la Gata que hiciera venir a Pierre de Vomecourt a París y le dijo que éste había de ser enviado a Inglaterra en nombre de la Resistencia. Mathilde debía persuadir a sus camaradas de que Vomecourt era el hombre más indicado para esta misión.


La noche siguiente, Bleicher anunció a la Gata que tenía una sorpresa para ella.

- Cuando regreses a tu casa encontrarás en ella a Violette. En realidad, nunca ha estado detenida, puesto que trabaja para nosotros. Violette guardará silencio, puedes estar segura de ello. Ocúpate de ella, debe permanecer en la Resistencia.

La Gata cumplió las órdenes que acababa de recibir. Se reunió con Pierre de Vomecourt y otros resistentes en el bar "Pam-Pam" de los Campos Elíseos, e hizo su propuesta, la cual fue aceptada. Allí se decidió que Pierre de Vomecourt trataría de llegar a Inglaterra, y obtener allí nuevas instrucciones.

No era una empresa fácil, pues los alemanes habían descubierto los senderos que permitían atravesar clandestinamente la frontera española y conocían también los puntos de la costa en los que los resistentes se hacían a la mar para trasladarse a Inglaterra.

Unos días después de la conversación en el "Pam-Pam", la Gata volvió a ver a sus amigos y les dijo que había descubierto un medio para llegar a Inglaterra. Pero añadió que sería preferible que ella acompañase al elegante Pierre de Vomecourt, ya que era bien conocida y su presencia inspiraría confianza a los ingleses.

Los otros aprobaron en seguida esta decisión y la aplaudieron. Era, desde luego, una empresa digna de la Gata, de aquella a la que todos consideraban como una heroína. Bien merecía su fama, pues era la más hábil, la más valerosa, la mejor...

Bleicher se ocupó de que Mathilde y Vomecourt salieran de Francia sin obstáculos, y una vez fuera de sus fronteras no hubo dificultad alguna en llegar a Inglaterra. Con ello, Bleicher logró el golpe maestro de instalar a su agente, la Gata, y a Pierre de Vomecourt, que no sospechaba nada, en el Ministerio de la Guerra británico, en el mimísimo Londres.

La Gata trabajó allí durante nueve meses. Todo lo que ella sabía lo transmitía a Francia por el nuevo canal que había establecido la Resistencia. Todas las informaciones eran registradas por Violette y ésta se las pasaba a Bleicher.

Sin embargo, el servicio de contraespionaje británico se mostró, con respecto a la Gata, menos confiado que los compañeros franceses de ésta.

Los ingleses acabaron por ver claramente cuál era su juego y la detuvieron en julio de 1942. Los británicos mantuvieron encarcelada a Mathilde Carré hasta el final de la guerra.

En la celda de su prisión inglesa, la Gata escribió en su diario una página dirigida a sus antiguos camaradas de la Resistencia:

"¿Cómo explicar todo lo que he tenido que soportar? Jamás podría hallar las palabras para expresar mi tristeza profunda, infinita, o para describir mis temores. Pero no estoy sola. Tampoco vosotros, aquellos que todavía seguís con vida, dormiréis esta noche, estaréis conmigo. Y en cuanto a vosotros, los que estáis muertos, viviréis conmigo, según nuestras propias leyes, en un mundo que yo he creado para mí."

Cuando se presentó ante sus jueces franceses, en enero de 1949, Mathilde Carré estaba tranquila. Su mirada recorría, soñadora, las molduras doradas del techo barroco de la sala del tribunal.

El fiscal tomó la palabra:

- Durante dos meses practicó la más vil de las traiciones. Su malevolencia, su doblez, su perseverancia en el mal, su diario del que acabo de leer algunos extractos y que la describe tal como es, un cerebro sin corazón, son hechos que ustedes podrán juzgar en su totalidad. Y reconocerán que, en este asunto, hay una sola sanción posible: la muerte.

- Admito su culpabilidad -replicó el abogado defensor- , pero es preciso tener en cuenta que esta mujer fue colocada en una situación en la que sólo le cabía elegir entre la vida y la muerte. Nadie puede olvidar que fue una heroína desde los primeros momentos de la Resistencia, ¿condenaríais a muerte a aquellos que fueron los primeros en esparcir las semillas de la fe y que, más tarde, sobrevaloraron sus propias fuerzas?

Sin embargo, el fiscal se salió con la suya y Mathilde Carré fue condenada a muerte.

No obstante, antes de ser pronunciada la sentencia, la Gata perdió, por primera y última vez, el dominio sobre sí misma.

- Espero el veredicto sin temor -les dijo a los jueces- . Pero lo que no puedo olvidar es que, mientras a mí se me pide la pena de muerte en este tribunal, ¡Hugo Bleicher vive en libertad en Hamburgo!

Unos meses más tarde, el Presidente de la República conmutó la pena de muerte impuesta a Mathilde Carré, la Gata, por la de cadena perpetua.

Fue finalmente liberada en 1954. Publicó un libro contando su historia titulado "J'ai été la Chatte" (Yo fuí la Gata)

Paso el resto de su vida alejada de cualquier notoriedad pública, y falleció en 1970.

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MensajeTema: Re: Mathilde Carre "la gata"   Dom Abr 26, 2009 11:53 pm

Me ha gustado la historia...además de la manera que está escrita se hace amena de leer.

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